Las mentiras de la industria hotelera

Es importante tenerlo claro: Airbnb no está matando a la industria hotelera, en cambio, la disponibilidad limitada y las opciones de precios (a menudo aprovechando una situación de monopolio) si lo están haciendo.

El lobby hotelero, como si de un niño maleducado y mimado se tratara, no cesa en sus banales y ridículas acusaciones contra Airbnb: competencia desleal, oferta de plazas fuera de la Ley (de la ley hecha a su medida, por supuesto) son el grueso de las críticas que los hoteleros suelen vomitar contra plataformas de alojamiento como Homeaway o la ya nombrada Airbnb.

Que la industria hotelera es un lobby de poder fuertemente protegido por el Estado y sus ramificaciones institucionales es, más que una opinión, un hecho totalmente demostrado (más aún en los últimos años).

En una Europa totalmente envejecida, la cual aplica políticas que lejos quedan de la modernidad que se espera del siglo XXI, nos encontramos con que ciertos sectores compiten en clara desigualdad con respecto a otros. De estos sectores encontramos dos casos especialmente irritantes: el caso de Uber con el sector del taxi y el de Airbnb con el sector hotelero.

Puede parecer que proteger a estos dos sectores es una política correcta. Quizás haya quien piense que se hace un claro favor a la protección a trabajadores de la industria hotelera.

Nada más lejos de la realidad: tijeretazos a las libertades individuales, planificación de la economía y lo que es más curioso. Aumenta la precariedad laboral de los trabajadores de la industria hotelera

Aceptar la realidad

Una economía moderna, dinámica y liberalizada, que basa su progreso en la innovación en el cambio de nuevos y mejores productos para los ciudadanos y turistas, es una económica que por pura dinámica natural hace desaparecer a viejos modelos de producción. Un continente moderno como se presupone que es Europa no puede dejarse apuntar una de sus históricas columnas de las que siempre hemos estado orgullosos. La libertad para emprender. Europa no debe aceptar las imposiciones de un lobby que incluso en varias ocasiones se saltan las leyes que deberían cumplir pero que menos les interesa. Las leyes medioambientales.

Lo verdaderamente grave de este asunto ya no es que un conjunto de empresarios lleve a cabo una conspiración para acabar con sus competidores (los cuales reconocido por propios clientes ofrecen un mejor servicio) sin tener absoluta preocupación por los medios empleados:  lo verdaderamente grave es que el Estado acceda a canalizar estas conspiraciones a través de su principal arma legislativa: esto es lo verdaderamente importante.

Que la industria hotelera actúe sin escrúpulos no es algo que particularmente me sorprenda, lo que si me sorprende es que el Gobierno central y en segundo lugar el autonómico les haga caso y considere legítimas estas reivindicaciones lobistas que claramente van en contra de los intereses del ciudadano.

Las cifras que preocupan a la industria hotelera

La cartera de Airbnb cuenta con 2,5 millones de alojamientos en más de 34.000 ciudades de todo el mundo. Se trata de una cifra que duplica a las 1,1 millones de habitaciones que posee el grupo Marriott (el más grande del mundo). A años luz de distancia encontramos a grupos hoteleros como Hilton con 769.000 habitaciones, Intercontinental con 716.000 y Wyndham con 673.000.



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